PENSAR-DE-OFICIO Sunsi Estil-les.

19 Noviembre 2007

Ser madre un día cualquiera

Archivado en: General — Sunsi Estil-les Farré @ 19:25

Tomo nota de las incidencias cotidianas de una madre de a pie. La mayoría trabajan fuera de casa y en casa; otras –cada vez más- desde casa y en casa; y algunas en la casa … en casa. Vuelco en una coctelera algunas situaciones corrientes y otras que corren por la red. La agito y sale el siguiente relato de un día más o menos  normal.

 

Hoy el pequeño se ha despertado con fiebre. Llamas a tu madre… o a tu suegra… para que se quede con el niño hasta que llegue la canguro y a la canguro para que llegue un poco antes y se pueda ir tu madre o tu suegra – que son un encanto y acuden siempre-. Y , desde el trabajo, cruzas los dedos para que en la consulta dejen de comunicar y la enfermera te haga un hueco para no tener que  decirle al jefe/jefa que el niño está malo y que por favor te dé  permiso para salir antes. Cuando  por fin consigues hablar con la enfermera,  te contesta que no, que la agenda está llena y tú suplicando y ni por ésas. Almuerzas de bocata  y sigues trabajando haciéndote la relajada, pero la canguro te llama y te explica que no queda Dalsi. Y llamas otra vez a tu madre o a tu suegra–que son un encanto- para que le acerque el Dalsi  a la canguro. Suena el teléfono . No es la enfermera que se ha compadecido de tu situación y  te ha cambiado la hora. Es tu marido que te pregunta:  “¿qué tal el día , cielo?” . Ni acordarse de que el niño está enfermo. No obstante, no deja de ser un detalle. Cuelgas enseguida –hay confianza- y sales chutando a casa, recoges al niño y chutando al colegio para recoger al mayor . Cuando llegas al pediatra descubres que han colado a la siguiente visita  porque has llegado ¡dos minutos tarde!. Y también cuelan a una señora que sólo viene a hacer una consulta “breve” y  a saber qué entenderá la señora por  “breve”. El diagnóstico del niño es, como siempre, un virus. Total, un virus, que cuando no se sabe qué tiene un crío siempre es un virus. Y corriendo a la farmacia, que la acaban de cerrar en tus narices y hay que ir a la de guardia que cae en donde alguien perdió la alpargata. Llamas a tu marido por  “ si puedes acercarte tú” y tu marido no puede acercarse porque lo pillas en  una reunión; y piensas  que tu marido no vive… se reúne. Llegas a la farmacia con todo colgando. Los mocos colgando del peque; el mayor colgado de tu manga; la mochila, la bolsa del peque y la cesta de la compra  colgando del cochecito. Sudada como un pollo plantas la receta en el mostrador y en la cola descubres que ahí está ELLA. Es esa mamá del colegio de tus hijos que nunca se despeina ni suda. Lleva a sus niños a alemán, a tenis, a pintura, a fútbol y a natación. Y es de las que comen y no engordan. Te repasa con la mirada, de arriba  abajo, y te suelta:  “Chica, es que no te sabes organizar. ¿Por qué no pides reducción de jornada?.”   Aquí es donde le dirías “algo”  por cada euro reducido por reducir tu jornada. Pero te callas y haces como que no te afecta. Dejas tu autoestima en la farmacia y vuelves a casa. Deberes-baños-cenas. Y hasta que no has  gritado  diez veces “¡niños, a dormir!”, no  se han dormido. Con la casa en silencio,  engulles una ensalada y un pedazo de tortilla de patata, te sientas en el sofá  y asoma la cabeza tu marido, que acaba de llegar, y te cuenta que se ha reunido tres veces y encima ha tenido una cena  de trabajo. “Estoy reventado”, dice.

 

Se han hecho las tantas. La cabeza se te escurre  por el respaldo del sofá . Después de la batalla, éste es el momento más dulce del día. La tele está enchufada, no por nada, porque para lo que echan… pero mira, ayuda a conciliar el sueño. Y sale una señora estupenda, con una silueta de pasarela, con el pelo impecable y una sonrisa que descubre unos dientes perfectos, blanquísimos y dice: “Ausonia; me gusta ser mujer”. Y  no se te ocurre otra cosa que repasar tu ajetreada jornada que, está claro,  no tiene nada que ver con la de la señora de la tele. No es que no te guste ser mujer, es que ella tal vez sufre una metamorfosis que la deja así de intacta y a ti con unas ojeras que te llegan a los pómulos.

 

Mañana, más de lo mismo. Hay que cargar pilas. Y le dices a tu marido: “Cariño, es tarde; me voy a dormir” . Preparas los bocadillos para el día siguiente, los cuencos y las cucharillas en la mesa de la cocina “para adelantar”; sacas la carne del congelador, abres un armario para controlar si quedan suficientes cereales, llenas el azucarero y dejas la cafetera lista. Metes la ropa húmeda en la secadora y la sucia en la lavadora. Planchas una camisa y resulta que le falta un botón. Y lo coses a toda castaña, sin dedal, y te pinchas. Y manchas la camisa por donde más se ve. Lo del frotar se  va a acabar no cuela. Frotas y la dejas otra vez para lavar. Caes en la cuenta de que hace días que no riegas las plantas… y las riegas. Cuando te diriges al dormitorio, pasas  por la habitación del mayor, escribes una nota en la agenda, cuentas el dinero de la excursión  y colocas en la estantería un libro que se  ha quedado debajo de la cama… Luego entras en la habitación del pequeño, le pones el termómetro y le haces tragar como puedes una medicina que sabe a demonios.

 

 “Pensaba que te habías ido a  dormir”, comenta tu marido, que te encuentra todavía lavándote los dientes. “Estoy yendo”, respondes tú.  Apagas las luces del pasillo, cierras la puerta con llave y programas la alarma de la radio-despertador. Abres el armario y en lugar de sacar la ropa del día siguiente lo ordenas mínimamente porque está hecho un desastre. Te sientas en la cama y  haces la lista de las cosas urgentes que no pueden pasar de mañana. Vuelves a la cocina y pegas la lista en la puerta de la nevera con las frutitas imantadas. Ahora sí. Ya está. Y te quedas frita sólo con rozar la almohada.

 

Dicen que las mujeres viven más tiempo. Posiblemente porque están hechas para los largos recorridos. No se pueden morir antes. Tienen demasiado que hacer. Y lo hacen. 

Hoy es el día de la madre. Felicidades a todas las madres trabajadoras, que son todas. Trabajen donde trabajen, jóvenes y no tan jóvenes. A todas en general y a la mía en particular: ¡CHAPÓ!

 

Sunsi Estil-les Farré

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