PENSAR-DE-OFICIO Sunsi Estil-les.

15 Noviembre 2007

“Sed buenos”

Archivado en: General — Sunsi Estil-les Farré @ 21:30

Conozco a este personaje desde hace mucho tiempo. Nos reunimos con él el día de San Esteban desde hace también mucho tiempo. Año tras año contempla con un mal disimulado orgullo cómo la familia va creciendo. Los hijos, los hijos y sus respectivas… después los nietos. Este aragonés, trabajador infatigable, feliz porque la mesa se ha quedado pequeña y hay que añadir otra y otra es mi suegro. Cada año se levanta y alza la copa de cava. El brindis siempre es el mismo: “Que seáis buenos…”. Los de la segunda generación nos damos cuenta de que últimamente nos mira y mira a los más pequeños con una intensidad distinta. La frase de siempre la pronuncia más despacio. “Sed buenos…” Casi nada.  

Ahora la bondad de los niños está en el punto de mira y la sociedad se interroga porque no hay quien digiera los sucesos de estos últimos días. Los teléfonos móviles se utilizan para enviar imágenes de torturas, palizas, vejaciones. Agresiones en la escuela, entre compañeros. Violencia en la calle; los mendigos son un objetivo fácil porque están indefensos. Y violencia en la familia ; agresiones a los hermanos, ¡a los padres! ¿Cuál es la causa?. ¿Les divierte ?. ¿Es una forma despiadada de reafirmarse, como apunta la psicóloga Victoria Noguerol ?. La sociedad se pregunta qué estamos haciendo mal. Y el primero en contestar ha sido el Poder Legislativo con el anteproyecto de reforma de la ley del menor. Como siempre, a toro pasado, cuando se vislumbra la punta del iceberg.  Y no resuelve la cuestión de fondo. Porque la cuestión de fondo es la ausencia de valores. Esto ya no hay nadie que lo discuta. Pero nos hemos atascado en este punto y parece que da miedo seguir interrogándonos.  

La transmisión de conocimientos es un tema relativamente sencillo; la escuela se encarga. ¿Y  transmitir valores a nuestros menores?. ¿A quién corresponde?. Si seguimos con el auto-interrogatorio podemos llegar a obtener respuestas molestas, que nos pueden herir.  Pero tal vez va siendo hora de someternos a un tercer grado y actuar en consecuencia. Hablamos de ausencia de valores que empujan a muchos chicos –algunos todavía niños- a comportarse con crueldad. El significado de la palabra ausencia viene marcada por una idea: “nada”. Implica falta, inexistencia, vacío, privación. ¿Por qué hay cada vez más menores que  crecen sin valores?. Estudiosos de  la comunicación han confirmado un dato. Cuando nos comunicamos verbalmente, informamos en un 55% con el cuerpo –la mirada, la expresión del rostro, los gestos…-, en un 38% con el tono de nuestra voz y   en un  7% con el contenido del mensaje.  Hay, pues, una diferencia sustancial entre lo que aprendemos con lo que vemos y con lo que escuchamos.  

Si la responsabilidad educativa de los niños es de sus padres, la noción de lo  bueno y lo malo, la capacidad de compartir, el respeto a las opiniones de los demás, la sinceridad… se aprende en la familia, desde edades muy tempranas. Los gestos de aprecio, los brazos que arropan, los besos porque aquello no sucederá más y otra vez será o porque ha sido fantástico que haya sucedido, la sonrisa, el tono cálido de nuestra voz… emanan valores, impregnan la atmósfera del hogar y de los miembros que viven y conviven en ese entorno positivo. La calidad de lo que transmitimos con nuestra presencia amable –amorosa- funciona como la niebla, que va envolviendo poco a poco. Al principio apenas se percibe, pero al cabo de unas horas penetra en nuestro cuerpo hasta  empaparnos. Lo que valen los valores se aprende por “empape” continuado, sin treguas ni paréntesis. Es la calidad de las cosas menudas que conforman nuestro hogar lo que prepara a los hijos para la vida. Una calidad que hace indispensable nuestra  presencia. ¿Será eso?. ¿Tendrá que ver con que cada vez estamos menos en casa y atravesar el umbral es lo más parecido a un aterrizaje forzoso que un momento de encuentro con nuestro cónyuge y nuestros hijos?. Dicen que lo que importa es la calidad de nuestras relaciones interpersonales. Pero, ¿hay calidad sin cantidad? . ¿Pueden nuestros hijos empaparse de buenos sentimientos, de afectos duraderos, si no estamos con ellos? Es un tema de reflexión importante. De nuestra respuesta depende su respuesta –la de los menores- ante la agresión, la crueldad, las vejaciones, el trato con los ancianos y con sus iguales  más débiles o menos agraciados.  

“Sed buenos”. Estas dos palabras, las del brindis de cada año, encierran todo un programa que puede llegar a definir el sentido de nuestra existencia  y la de los que dependen de nosotros.

Sunsi Estil-les Farré

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