Preparados, listos … ¡ya!
Las carreteras que mueren en las playas están prácticamente desiertas. Los medios de comunicación ya no hablan de la ola de calor sino de lo que nos cuesta a los padres la instrucción de los hijos. El final del verano llegó. Los niños, protagonistas del asunto, con ganas de volver a ver a los amigos y muy pocas de empezar a estudiar. Están desentrenados. Ha costado lo indecible mantener los hábitos de trabajo durante casi tres meses y, como siempre, hemos perdido la batalla de controlar las horas de tele, playa u ordenador. La semana discurre entre mañanas soñolientas y horarios que se resisten a ser reajustados. Cuesta levantarse temprano y acostarse cuando todavía se cuelan tímidamente por las ventanas los rayos del sol. Son los días previos al inicio del curso. Se superó el primer escollo: la letra impresa. Los libros nuevos frente a los pocos –poquísimos- que se han podido aprovechar. Algunas editoriales han hecho el agosto en septiembre modificando ediciones. Una ofensa al sentido común. ¿Es posible que en tan poco tiempo el avance de la ciencia matemática requiera una reescritura? ¿O que Berceo haya asomado la cabeza para explicar cómo interpretar sus poemas?. Una de las consecuencias es que el aironfix está en decadencia. ¡Para qué intentar que un trozo de plástico encaje en un pedazo de papel! No da tiempo a estropear las tapas. Lo del material escolar es otra historia. Con una buena lavada y algún recosido todavía está de buen ver. Pero los diseñadores se encargan de que pase de moda. Los escaparates lucen más atractivos que nunca. Llamativos carteles anuncian La-Vuelta-al-Cole, como si los chavales tuvieran que desfilar en la pasarela Gaudí. Bolsas de deporte a juego con mochila, estuche y agenda para estrenar el flamante curso.
En las casas el ambiente se caldea. Empieza el “toma y daca” para que vuelva a salir la mochila de hace tres años, volver a usar la carpeta de hace dos y los lápices del anterior que no se han consumido. Y escarbando en el lote de objetos pendientes de revisión, descubrimos libretas que tienen hojas escritas que se pueden arrancar. Pero están muy vistas y los consumidores “bajitos” montan en cólera. Los rotuladores normales aún pintan; pero ahora se llevan los que huelen a manzana, a plátano, a melón. Y no hay ganas de esperar a los Reyes.
Mañana el calendario escolar estrena su cuenta atrás: Preparados, listos… ¡ya!. Empieza una carrera de nueve meses que ha exigido un precalentamiento económico disparatado. Y se supone que la finalidad de esta movida tiene que ver ¡con el aprendizaje!. No sé hasta qué punto se puede consentir que coexista la tiranía de unas modas que nos abocan a un vergonzoso e inútil despilfarro con la desnudez de los ciudadanos de Nueva Orleans, que lo han perdido todo y sólo pueden vestirse de recuerdos .
Sunsi Estil-les Farré
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