Por el Resucitado
¿Ustedes creen en la casualidad?. Yo no. Hace tiempo que ya no. Una persona que se cruza en mi camino y me sacude: Mirentxu. Y una película después de tres años de su estreno: La Pasión de Mel Gibson. Dos sucesos que me han atrapado y me han arrastrado cuesta arriba, del valle a la montaña. Desde la cúspide, dos sucesos que perfilan una realidad aparentemente distorsionada. Desde lo alto de la montaña hay perspectiva.
Mitentxu lleva quince años de entrega completa a la rehabilitación de jóvenes drogadictos. “Llevaré un abrigo rojo”. Así la reconocí cuando fui a buscarla a la estación. Yo no tenía más datos sobre ella que los que he apuntado. El abrigo rojo y una sonrisa franca. Mirentxu recorre escuelas e instituciones para dar a conocer su programa. “De prevención”. “Es importante empezar por edades mucho más tempranas”. “Y primero hablo a los padres.” Hay feeling.
A veces los días te regalan cosas que se acaban, que se consumen en nada. Aquel viernes a mí me regaló el testimonio de una vida dedicada a la vida. Ella es la polea donde se agarra la cuerda de la esperanza. Hay que sacar del pozo a demasiados jóvenes y ofrecerles alternativas más estimulantes que esa porquería. Mirentxu habla y comparte, pregunta y se interesa. No hay recelos porque no. Toda su persona es implicación por todo. Aquella canción de Ana Belén, “Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente…”, parece escrita por ella o para ella. Cuando acaba su entrevista con el educador de una escuela, volvemos a la estación. Y ahí desvela su fuerza. “Algunas veces, los chicos me preguntan por qué me dedico a esto”. Yo también hace un buen rato que me lo cuestiono. ¿Por qué, Mirentxu?. “Por el Resucitado”. Esta es su respuesta. Soy incapaz de teclear con exactitud su explicación. Supongo que sí puedo reflejar la resonancia de sus palabras, el eco que aún ahora podría incluso tocar.
“Cuando estás junto a una persona que sufre o ha sufrido se nota. Es mucho más que solidaria, tiene mucho más que empatía”. “Del sufrimiento nace la misericordia”. “Misericordia”, dice Mirentxu. Y me suena a nuevo a pesar de haberlo oído muchas veces. Ella lo hace nuevo. Porque lo vive. Y sigue contando. El sufrimiento del Crucificado no es masoquismo sino entrega misericordiosa ¡porque después viene la Resurrección!. Pero no hay resurrección sin el dolor voluntario y amoroso de la Cruz. Así entienden los cristianos las contradicciones, los golpes de la vida, lo que te llega inesperadamente y no entraba en los planes de uno. Me cuenta todo esto y –ya he dicho que no creo en la casualidad- hace nada que he vuelto a ver La Pasión. Y mientras cuenta, la memoria me devuelve dos miradas: la del Hijo y la Madre, que se encuentran como un beso de amor. Dos miradas que, sin hablar, hablan de lo que significa Misericordia. La Madre que se abalanza sobre el Hijo: “Jesús, estoy aquí contigo”. Y el Hijo, sacando fuerzas de donde ya no las hay, la mira con ternura: “¿Ves, Madre, cómo yo hago nuevas todas las cosas?”. Dolor y amor. Hacer nuevo el sufrimiento, dignificar el sufrimiento. Asumir, hacer de uno las tribulaciones del otro. Más: querer sufrir con el otro, aligerar el peso…. como Simón de Cirene. Un estadio que supera lo que entendemos por tolerancia y términos similares. La Misericordia que dice “te amo tanto que daría la vida por ti”. Y el cristiano añade: “me lo ha enseñado el Maestro”.
Alguno podría preguntarse qué clase de persona es Mirentxu. No la imaginen mojigata, por favor. Es alta, delgada, con nervio. Unos pendientes que le llegan casi a los hombros. Y una maleta donde lleva de-todo-un-poco. “De Donosti”. El acento la delata. Agradece a su “aita” que le marcara límites, por lo menos hasta los dieciocho años. “Después, haz lo que te dé la gana”. “Estaría yo en algún comando de algo porque por aquel entonces tenías ideales y no sabías dónde volcarlos”. Ahora sí sabe. Una parcela del mundo sufriente, los drogadictos, ocupan la mayor parte de su tiempo. Muchos de ellos acaban engrosando el cupo de los enfermos mentales. Y ahí está ella, repartiendo misericordia , sujetando la cruz de los enfermos. “Por el Resucitado”.
Estos días, tiempo de cambio interior … de oración y penitencia, esta respuesta de Mirentxu se hace un hueco en su verdadero contexto, el que da sentido a sus palabras y a su vida.
Sunsi Estil-les Farré
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