A QUIEN CORRESPONDA
Se ha escrito mucho sobre el silencio. Unas líneas más abajo colgué un post que hace referencia al tema … los que ha tenido que abandonar Eskadi … por miedo. Esta vez le doy la vuelta. El miedo , demasiadas veces , provoca nuestro silencio. Callarse ante la injusticia, mirar a otro lado cuando alguien sufre … y agazaparnos, escondernos, aliviando nuestra conciencia con argumentos tipo ”total, es un tema que no va conmigo” “¿para qué mojarse?”.
La conciencia es de la pocas cosas que se libran de la globalización. Pero corren tiempos en los que el anonimato es lo más cómodo. Pronunciarse te puede costar “otro” silencio, el castigo de la indiferencia o el ser señalado con el dedo.
Por acontecimientos muy cercanos en el tiempo, éste es un tema sobre el que he reflexionado unos cuantos ratos. Imagino el silencio como la muralla de Víctor Manuel y Ana Belén.
Ante la tentación de hablar mal de alguien o de algo en público… cierra la muralla.
Cuando la verdad no sale a la luz … abre la muralla.
Ante la tentación de juzgar , fundamentalmente si no se tienen datos … cierra la muralla.
Cuando hay que defender a la persona, sea quien sea, a todas y a cada una… abre la muralla.
Para pedir perdón, para rectificar… abre la muralla.
Para apostar por el débil… abre la muralla.
Para denunciar un daño moral… abre la muralla.
ABRE LA MURALLA aunque necesitemos pico y pala para derribarla.
CIERRA LA MURALLA para que no se filtren calumnias y maledicencias.
Ojo con el silencio. Beneficioso cuando lo que nos pide el cuerpo es hablar; cobarde cuando callar es esconder lo que debe ser sabido.
Recupero un fragmento de un viejo artículo.
Cómo será la palabra del hombre, que de su carga afectiva o de su frialdad…, de su mesura o de su imprudencia…puede hacer correr ríos de sangre o puede forzar una apuesta por la paz. Qué poder el de la palabra del hombre, que puede ser el mejor bálsamo para vivir…y para bien morir. Qué fuerza la del hombre, que con la palabra puede sanar las heridas del alma o emponzoñarlas. ¡Qué paradójica la palabra del hombre!… La del hombre amigo - la del que hiere con dulzura- es el mejor escudo para el amigo, es su ciudad amurallada. Qué riqueza la del hombre que puede escuchar la voz sincera del amigo. Y qué distinta a la voz del indiferente, el de palabra hueca,… que lisonjea, adula, pero no sirve ; es palabra ventolera, que viene y se va. Está vacía porque no dice.
Pero a veces, como en esas pesadillas en las que queremos correr y no avanzamos, que queremos gritar y no podemos, los hombres obligan a enmudecer la voz del hombre. No importa. “Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada” (E. Galeano)
(…)
Voz, para preguntar y responder; voz, para dar y para pedir. Voz para que no nos callen, para exigir poder siempre tener voz.
