“Otoñados” … con permiso de Don Juan Ramón
Desde 1992, el 10 de Octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Esta fecha pasa siempre de puntillas. Un día dedicado a decir “algo” de los enfermos mentales. Qué poco para reflexionar e intentar paliar uno de los sufrimientos que provocan más incomprensión. Qué poco se acuerda de estos enfermos el común de los mortales. Hace falta un esfuerzo mucho mayor porque, de momento, sólo una minoría consigue hacerse un hueco en nuestra sociedad que se atribuye los calificativos de solidaria y tolerante.
Juan Ramón Jiménez me disculpará el atrevimiento por tomar prestado el título de uno de sus poemas. Porque el Otoño es un modo de existir para los que padecen cierto tipo de trastornos. Y hoy quisiera ser la voz de los que pasarán un tiempo callados …. sólo porque el Otoño ha regresado. Ha vuelto con esa forma melancólica de entender la luz, con una intensidad rebajada de los desperdicios del verano y como un grito agonizante antes de que se lo arrebate el invierno. Es la resistencia del sol, que le echa un pulso a la noche. El día va perdiendo horas; la oscuridad le va pellizcando minutos. El azul es añil. El verde es ocre. Las ramas de los árboles de hoja caduca enseñan sus brazos y sus dedos largos. La vegetación se va quedando desnuda y desparrama su espesura por las calles, los jardines…. La naturaleza sufre una profunda transformación. Es la antesala de una muerte necesaria para volver a dar vida en primavera.
Otoño es un germen con nombre de estación que infecta de tristeza. Ellos, los que enferman irremediablemente en otoño, saben que ha terminado septiembre sin necesidad de mirar el calendario. No consiguen describir su estado de ánimo. Lo que más se aproxima a esta recurrente situación es la metáfora del pozo que succiona todo su ser. Desde allí no hay posibilidad de ver la salida. Quienes ya han caído más de una vez reconocen de inmediato que se están acercando al destino no deseado. Cuesta dormir y el sueño se interrumpe hasta el hastío. Cuesta levantarse. El cerebro ha olvidado dar órdenes coherentes porque deja de segregar una preciosa sustancia: la serotonina. La actividades más sencillas se convierten en actos heroicos. Si tienen fuerzas para salir a la calle, caminan arrastrando los pies. Les resulta muy difícil mantener una conversación; en cualquier momento saltan las lágrimas sin permiso de la víctima. La vida continúa, pero para ellos el mundo ha dejado de girar. Porque es Otoño. Su zarpazo no es una moda, ni una novedad, ni un invento de los que lo tienen todo y buscan preocupaciones añadidas. Con esta metáfora expresaba Lope de Vega la depresión cíclica hace cuatro siglos“…a mí viénenme borrascas a tiempo que me desatinan, mas sírvese el mismo luego de abonanzarse y quedo en paz.” ¡Así de antiguo y concurrido es el pozo!
Más de uno se pregunta: ¿por qué se acercan?. ¿No será que van directos al pozo y no ponen de su parte para encontrar otro camino?. Cargados de buenas intenciones e ignorancia, osamos aconsejarles.“No tienes motivos para estar así”; “Pon un poco de tu parte” ;“Eso se arregla cambiando de aires”; “Tienes que distraerte”. Nuestro interlocutor, otoñado hasta la última fibra, quizá consiguió durante unos minutos “aguantar el tipo”, pero en cuanto nos fuimos se derrumbó. El doctor Vallejo-Nájera solía emplear un símil . Hablarle así a un enfermo con depresión mayor o con un trastorno bipolar o tantos otros que se agudizan por estas fechas es lo mismo que decirle a un sujeto que ha digerido mal un alimento: “¿Y tú, por qué vomitas?”. Absurdo, ¿verdad?.
Los que permanecen aletargados en sus guaridas agradecen, fundamentalmente, la comprensión aunque no entendamos nada. El dolor un día u otro disminuye. Y se despide hasta la primavera. Mientras …podemos hacerles saber que estamos ahí y cosernos la boca antes de verter opiniones que pisoteen aún más su frágil autoestima.
Sunsi Estil-les Farré
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