Más que tolerancia
“No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor”. (Mahatma Gandhi).Pensándolo bien, a mí tampoco. Está gastada, manida. Como cuando repetimos muchas veces un vocablo y al final nos resulta extraño. “Yo tolero, tú toleras…”. Te tolero y me toleras… pero cada uno desde las posiciones de sus “dogmas”- reales o inventados- y cada cual sin ser capaz de dar un paso adelante. Anclados, atrincherados.. nos “soportamos”; pisamos el mismo territorio, compartimos el mismo trayecto. No obstante, trazamos rutas que nunca llegan a converger… aunque las prolonguemos hasta el infinito.
Buscando un sustituto me encuentro conjugando otro verbo… “yo comprendo, tú comprendes…” . Te comprendo y me comprendes. Y caigo en lo bien que suena y en lo poco que se usa. Comprender significa hacer un esfuerzo por acercarse al porqué de los sentimientos y el comportamiento de los demás. La tolerancia mira a la cara -incluso a los ojos-. Tú y yo, frente a frente. Importante, pero quizá insuficiente en un mundo cada vez más complejo. La comprensión da un salto cualitativo. Supera el juicio aséptico, distante… y tiende la mano. Mira a través de tus ojos y de los míos, desde la misma perspectiva, hacia el horizonte donde tú miras y yo miro: el bosque espeso de la preocupación o el prado diáfano de la esperanza. Contigo; no frente a ti.
La comprensión implica mucho más que la tolerancia. Pone en juego todas las potencias del ser humano: inteligencia y voluntad; entendimiento y afectos. Y desemboca en un compromiso radical con la libertad, la mía y la tuya, porque parte del supuesto que el respeto profundo hacia la fe y las creencias de nuestros compañeros de viaje es un principio indiscutible : “el mismo respeto que se tiene por la propia” , puntualiza uno de los hombres más pacifistas de nuestra era.
En una sociedad tolerante los seres humanos no son agredidos, pero pueden llegar a sentir el aguijón de la indiferencia que representa ser tratados como colectivos o como masas despersonalizadas. La comprensión es esa vacuna que combate la frialdad y contempla al hombre como un ser único e irrepetible… importante por el mero hecho de ser hombre.
La tolerancia deslumbra, como los fuegos de artificio; la comprensión alumbra y arropa. La tolerancia ve sin mirar… observa, se cruza de brazos y calla; la comprensión mira con voluntad de descubrir: suma en la bondad y resta donde hay dolor, error. Y habla. Termino con un pensamiento de Gandhi. Es duro, pero también lo es la realidad que vivimos: “Lo más atroz (…) es el silencio de la gente buena”. ¡Ahí!.
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