Los últimos por la cola
Un bombazo: según datos de la UNESCO, el nivel de los estudiantes españoles, aunque supera el de los húngaros, va por detrás de, por ejemplo, los bielorrusos. A la cabeza: Noruega y Dinamarca. Nosotros ocupamos el número 26 de un escalafón que mide la calidad de nuestro sistema educativo.
Supongo que la cifra no deja indiferente a nadie. A mí se me ha caído el alma a los
pies. Porque… que algo falla… ya hace tiempo que es de dominio público; el asunto está en averiguar qué y por qué, con más honestidad y menos prepotencia. Pero si falta capacidad de autocrítica, jamás encontraremos soluciones aceptables.
A juzgar por los deberes que realizan diariamente, no parece que el problema radique en la cantidad de contenido. No obstante, sería un error valorar lo que saben por el peso de la mochila que traen a casa. Que acumulan conocimientos… eso se da por sentado. Lo que no está tan claro es si saben exactamente para qué los necesitan, si consiguen encontrar una relación entre lo que oyen en clase y lo que viven cuando están fuera de ella.
La mayoría de los estudiantes -los que estudian- reconocen que su única motivación es el examen. Y se nota, por ejemplo, cuando piden que les preguntemos un tema. «Sólo lo subrayado; lo demás no entra». En su lógica no cabe que, aunque «no entre», por lo menos hay que leérselo.
Y si les formulamos una cuestión de forma distinta a como figura en el libro de texto, se quedan en blanco. Y si en el examen no recuerdan la definición exacta, ni se les ocurre pensar que pueden utilizar sus palabras.
Por ahí van los tiros. ¿No se les ocurre o no tienen recursos? Nunca como ahora ha habido tantos padres que prácticamente estudian ‘pegados’ a sus hijos.
Incluso llama la atención que sientan verdadero alivio cuando empiezan las interminables vacaciones de verano. Están estresados -dicen- del ritmo del curso.
No es una anécdota curiosa ni un caso aislado. Es la consecuencia inmediata del mal que aqueja a los estudiantes españoles: no saben estudiar. No saben extraer las ideas más importantes de un tema, no saben hacer un esquema, no saben resumir. Y, a fin de cuentas, no saben lo que saben.
O alguien lo hace por ellos o se estrellan cuando los libros engordan con el paso de los años; ya no pueden ni engullirlos ni memorizarlos.
Bernabé Tierno, en uno de sus completos y prestigiosos análisis sobre el éxito escolar, afirma con rotundidad lo siguiente: «El dominio de las técnicas de trabajo es el más olvidado, a pesar de que todas las investigaciones han demostrado que saber estudiar es decisivo no sólo para obtener los mejores resultados en el curso y aprobar los exámenes, sino para capacitar al alumno enseñándole a pensar y a aprender por su cuenta».
Si a los cerebros de la contrarreforma no les quita el sueño el número 26, si no se cuestionan en serio cómo aprenden los estudiantes españoles, seguiremos liderando la lista de países donde los alumnos corren hacia ninguna parte.
Sunsi Estil-les Farré
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