“Auctoritas” versus “dignitas”
Alexia está leyendo una historia de romanos… “No es nada del otro mundo, pero entretiene…”. Y me comenta: “Fíjate qué claro tenían el asunto de la dignidad”. Le pido que me lo mande y lo transcribo: “La “auctorictas” representaba el ascendiente, la magnitud de su influencia pública (…) La “dignitas” era distinto. Era una cualidad profundamente personal y exclusiva, aunque se proyectaba sobre todos los aspectos de la vida pública del individuo. Resumía lo que un hombre era , como persona y como miembro de su sociedad. (…) La “dignitas” perduraba tras la muerte”. Me viene al pelo. Hace tiempo que le doy vueltas a este tema.
La dignidad del ser humano es como un puzzle al que alguien le roba una pieza, ¿la más insignificante o la más significativa?. Total… si apenas se advierte. Pero al recomponerlo de nuevo queda un vacío. Ahora ya da igual sustraer unas cuantas piezas más. Se fue al traste ese perfecto y delicado equilibrio cuando no se respetó el primer pedazo. El puzzle de la dignidad del hombre viene con instrucciones de uso: TODAS LAS PIEZAS SON IMPORTANTES. No sobra ninguna.
Quien aprovecha la “auctorictas” para hurgar en la“dignitas” hasta degradarla es el embriagado de poder que utiliza una facultad cedida y con fecha de caducidad para decidir quiénes son dignos y quiénes no. Esta purga despiadada se mueve en la cuerda floja del utilitarismo. Y tambalean los que pueden nacer con un lastre que, por consenso - ¡democráticamente!-, se considera una tara. Pueden caer en este peligroso balanceo los enfermos crónicos; la presión mediática los aboca a asumir su existencia como una vergüenza, como una carga para los demás.
Cuando se cuestiona la dignidad del ser humano en determinadas circunstancias, herimos su propia esencia: el valor del ser por el mero hecho de ser. A partir de ahí se abre una brecha que no toca fondo. Tú sí… tú no. ¿Quién ha osado fabricar esta balanza maniquea?. ¿Quién es el propietario de semejante instrumento aniquilador?. ¿Quiénes engrosarán la lista de los inservibles?. ¿Quiénes serán indultados?. ¿Cuál es el móvil que empuja al hombre a sumergirse en esta cultura de muerte?. Escarbo en los escritos de un hombre que dignificó como ninguno la vejez y el sufrimiento. Encuentro muchos párrafos como el que sigue: “ La vida que exigiría más acogida, amor y cuidado es tenida por inútil, o considerada como un peso insoportable y, por tanto, despreciada de muchos modos. Quien, con su enfermedad, con su minusvalidez o, más simplemente, con su misma presencia pone en discusión el bienestar y el estilo de vida de los más aventajados, tiende a ser visto como un enemigo del que hay que defenderse o a quien eliminar.” (Juan Pablo II. Evangelium vitae).
Sobra cualquier comentario.
Sunsi Estil-les Farré
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