A quién corresponde educar
Educar, enseñar, aprender, saber. Tras una serie de años viendo a muchos chicos, con la mochila hasta la bandera, superar como una carrera de obstáculos los cursos académicos, pregunto : ¿Son sinónimos los cuatro términos citados?. ¿De verdad hay alguien que todavía cree que aprender es lo mismo que saber?, ¿o que el resultado de varios años de aprendizaje en una escuela al uso (¿homologadas las llaman?) son una serie de conocimientos aprehendidos, “sabidos”?.
Me llamó la atención un artículo de Peter Szik publicado en el periódico “Magisterio”. En él, el autor lanza una teoría que, por lo menos, da qué pensar: “El hecho de ser enseñado no necesariamente equivale a aprender”. Singular afirmación. ¿En qué se basa este original psicoterapeuta?. Continúa: “La curiosidad y el interés propio juegan el mismo papel en el proceso de aprendizaje que el hambre y el apetito en la alimentación. La obligación prolongada de tragar (comida o conocimiento) fácilmente causa trastornos (de alimentación o de aprendizaje)”. Este investigador de la educación ha llevado sus tesis hasta las últimas consecuencias. No le resta mérito a la escolarización generalizada, que reconoce “ha cumplido una función vital en el siglo XIX y XX”, pero su contrapartida es que ha hecho posible una “sociedad tan matizada” que requiere distintas formas de educación. La escuela actual necesita alternativas y una de ellas -¿por qué no?- es la escuela-en-casa. Sus detractores, que no son pocos, esgrimen “su argumento”: la socialización. Para Peter Szik éste es tan pobre como aquello de que para hacerse hombre hay que ir a la mili. Sin embargo, es sospechoso que la mayoría de pedagogos se queden mudos cuando se trata de abordar la socialización negativa.
El tema de los “sin escuela” es tan interesante como controvertido. Requeriría un estudio profundo sobre las motivaciones de los padres que no confían en el sistema escolar y han decidido prescindir de él para encargarse ellos mismos de la formación integral de sus hijos. Sólo una última pincelada. John Gatto –Maestro del Año en Estados Unidos en 1990- abandonó decepcionado su profesión tras 26 años de ejercicio docente. Terminaba una de sus conferencias de la siguiente forma: “La alternativa será la enseñanza en el hogar, que matará dos pájaros de un tiro: recompondrá las familias y mejorará a los niños”.
Es muy posible que la base de estas novedosas teorías sobre la docencia arranquen de la noción de enseñar. Porque cuando hablamos de enseñar, ¿entendemos educar o advertimos la diferencia cualitativa que existe entre ambos conceptos?. ¿A quién corresponde la tarea de educar?. ¿Quién, a estas alturas, cae en la irresponsabilidad de trasladar la educación de sus hijos íntegramente a los enseñantes?. ¿Cómo supervisamos esa pequeña parcela de la educación de nuestros hijos que cedemos (sí, he dicho cedemos) a la escuela? ¿Nos preocupa que las “connotaciones” educativas de la escuela de nuestros hijos sean una consecución del aire educativo de nuestra familia? ¿O es que hemos tirado la toalla y ya no nos interesa luchar por nuestras convicciones?. Peor aún…¿es que ya no nos interesa ni siquiera tener convicciones porque es demasiado cansado ser coherente e ir contracorriente?. Ir contracorriente implica tener ideas claras y ser consecuente, colgarse a la espalda los prejuicios y actuar. ¿ Ladran?… luego cabalgamos.
Sunsi Estil-les Farré
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