30-D (IV): Benedicto XVI: “Vale la pena trabajar por la familia”
A las 12:00 horas comenzaba en Colón el acto por la familia cristiana propiamente dicho, con la conexión con Benedicto XVI desde Roma, que ha centrado su mensaje previo al Ángelus en una encendida defensa de la familia, arropando a los presentes en esta celebración.
REDACCIÓN HO.- Estas son las palabras del Papa Benedicto XVI:A la familia ha dedicado gran atención el Concilio Vaticano II. Afirma que los cónyuges son el uno para el otro y para los hijos, testigos de la fe y del amor de cristo. La familia cristiana participa así de la vocación profética de la Iglesia, por su modo de vivir proclama en alta voz la virtud presente del Reino de Dios y la esperanza de una vida santa. Así lo ha dicho el Concilio, y como después ha repetido sin descanso mi venerado predecesor, Juan Pablo II. El bien de la persona y de la sociedad está estrictamente conectado con la buena salud de la familia. Por eso la Iglesia está comprometida en defender y promover la dignidad natural y el altísimo valor sagrado, son palabras del Concilio, del matrimonio y de la familia. Con esta finalidad se está desarrollando hoy en Madrid una importante iniciativa a cuyos participantes me dirijo ahora en lengua española.
Saludo a los participantes en el encuentro de las familias que se está llevando a cabo este domingo en Madrid, así como a los señores cardenales, obispos y sacerdotes que les acompañan. Al contemplar el misterio del Hijo de Dios, que vino al mundo rodeado del afecto de María y de José, invito a las familias cristianas a experimentar la presencia amorosa del Señor en sus vidas. Asimismo, y sabiendo que inspirándose en el amor de Cristo por los hombres, el testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia. Ésta, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida desde su inicio hasta su fin natural.
Por eso, los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana. Vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio, porque vale la pena trabajar por el ser humano, que es el ser más precioso creado pro Dios.
Me dirijo de modo especial a los niños, para que quieran y recen por sus padres y hermanos; a los jóvenes, para que estimulados por el amor de sus padres sigan con generosidad su propia vocación matrimonial, sacerdotal o religiosa; a los ancianos y enfermos, para que encuentren la ayuda y comprensión necesaria. Y vosotros, queridos esposos, contad siempre con la gracia de Dios para que vuestro amor sea cada vez más fecundo y fiel.
En las manos de María, que con su sí abrió la puerta de nuestro mundo a Dios, pongo los frutos de esta celebración. Muchas gracias y felices fiestas.
