PENSAR-DE-OFICIO Sunsi Estil-les.

19 Noviembre 2007

¿Cuál es el título de la película?

Archivado en: General — Sunsi Estil-les Farré @ 19:33

Se abre el telón. Museo del Louvre. Un conservador de la pinacoteca es asesinado por un misterioso sujeto. El protagonista y profesor de Simbología religiosa -Robert Langdon- llega al escenario del crimen. El asesino es un monje albino llamado Silas, que pertenece al Opus Dei.  Antes de morir, el tal conservador se ha dibujado en el ombligo una estrella de cinco puntas y junto a sus pies, con un rotulador especial, ha dejado escrito un mensaje cifrado de letras y números. Aquí irrumpe en escena la criptógrafa Sophie, que se encargará de descubrir el enigma y, evidentemente, ligará con el guapo Langdon.  Robert y Sophie  consiguen  averiguar que lo que ha dejado el muerto a sus pies significa “Leonardo da Vinci” y “La Mona Lisa”.  Un repaso a algunas obras de Da Vinci y nos metemos de lleno en la trama. ¿Qué se esconde detrás de tantas claves y misterios?.  Jesús no es Dios: ningún cristiano pensaba que Jesús es Dios hasta que el emperador Constantino lo deificó en el concilio de Nicea del 325. Jesús tuvo como compañera sexual a María Magdalena; sus hijos, portadores de su sangre, son el Santo Grial, fundadores de la dinastía Merovingia en Francia (y antepasados de la protagonista de la novela). Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina; los primeros seguidores de Jesús adoraban “el sagrado femenino”; esta adoración a lo femenino está oculta en las catedrales construidas por los Templarios, en la secreta Orden del Priorato de Sión -a la que pertenecía Leonardo Da Vinci- y en mil códigos culturales secretos más. La malvada Iglesia Católica inventada por Constantino en el 325 persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo femenino, matando millones de brujas en la Edad Media y el Renacimiento, destruyendo todos los evangelios gnósticos que no les gustaban y dejando sólo los cuatro evangelios que les convenían bien retocados. En la novela el maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a la luz el secreto: que el Grial son los hijos de Jesús y la Magdalena y que el primer dios de los “cristianos” gnósticos era femenino.” (Pablo J. Ginés Rodríguez. La estafa del Código Da Vinci)

….¿Cuál es el título de la película?:  “El bueno, el tonto y el malo” (mejor lo pasamos al plural). Los “buenos” son la pareja protagonista, que se juegan el tipo para dar a conocer a la humanidad una verdad oculta durante XX siglos y pico. Y, por supuesto, Dan Brown, quien afirma sin rubor que “todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces“. Los más “tontos”: los católicos, que durante tanto tiempo han estado en la babia. Ya lo ha dicho  Brown: “el secreto que revelo se ha susurrado durante siglos. No es mío.” Y los católicos, ni olerlo. En este apartado también podemos incluir a los intelectuales, porque parece mentira que tilden de errores históricos, geográficos y artísticos los datos que aporta  el Código; unos errores que asombran a la filóloga católica Cinthia Grenier: “Por favor, alguien debería dar a este hombre y a sus editores unas clases sobre la historia del cristianismo y un mapa”. Y añade: “Es bastante atrevido por parte del autor y de sus editores intentar narrar historias reales simplemente limitándose a citar nombres reales e históricos y detalles de aquí y de allá”. La “mala” es la Iglesia Católica que, para ocultar la verdad, es responsable  -con la  ayuda del Opus Dei, el malo elevado al cubo - de infinitos crímenes.  

Nada nuevo bajo el sol. La historia es cíclica. Dan Brown no es ni siquiera original. Ni originales son sus calumnias. Pero para saberlo hay que documentarse; ésta es la verdadera clave para descifrar el código.  Tampoco es original el gnosticismo que pulula en la novela. Es más antiguo que el cristianismo y  el principal inspirador de la corriente “new age”. Los textos gnósticos, escritos en los siglos II y III, no están encerrados bajo llave. Se pueden encontrar en librerías especializadas. Sirven para conocer una filosofía híbrida y compleja, pero no para acercarse a la figura de Cristo.  Lo que sí parece  “original” – por rocambolesca - es la interpretación de “La última cena”. Si  leemos con detenimiento el evangelio de San Juan (13, 21-24), observamos que Leonardo Da Vinci no pinta la institución de la Eucaristía, sino el momento en el que Jesucristo anuncia que uno de sus discípulos lo traicionará. Ésta y no otra es la razón por la cual no hay cáliz. Y Juan sigue siendo Juan- el discípulo adolescente, barbilampiño, con rostro aniñado- y no María Magdalena a la que Brown identifica con el Santo Grial. Pero  -perdonen la insistencia- hay que documentarse. El resto consiste en una simple suma. Jesucristo con los doce apóstoles= las trece figuras del cuadro. Y llegamos  al punto en el que a lo “original” se le añade una omisión que sabe  a fraude. Es el olvido deliberado.   Ella, la Innombrada, obligatoriamente Ausente porque desviaría lo “sagrado femenino” que Brown centra en María de Magdala. Ella es María, la Madre de Jesús, la que llevó a Cristo en su seno, la que ha desempeñado un papel vital en la devoción y el pensamiento cristiano. Ignorarlo es negar la verdad. Descodificando a Da Vinci de Amy Welborn analiza  con rigor muchos aspectos de la novela.  Un buen libro, sin florituras literarias,  que equilibra la balanza y proporciona  al lector la información necesaria para formar un juicio objetivo.  

Uno se pregunta el por qué del fenómeno Da Vinci. ¿Tal vez porque Jesucristo es el centro de la trama?. El franciscano Raniero Cantalamessa -Predicador de la Casa Pontificia- lo justifica con acierto: “Personas que jamás se molestarían en leer un análisis serio sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús quedan fascinadas con cada nueva teoría según la cual no fue crucificado y no murió…y especialmente si la continuación de la historia incluye su fuga con María Magdalena” . Es obvio que la lectura de  los evangelios y el interés por profundizar en el mensaje de Jesucristo no son prácticas habituales entre un número considerable de católicos.  La fe, al igual que nuestro organismo, precisa nutrirse. Si no, adelgaza y se queda anémica.  Y llega un Código y  la tambalea; no pincha en hueso.  Al perro flaco, todo son pulgas.  

Si no recuerdo mal, hace un par de semanas Brown realizaba las siguientes declaraciones: “Dejen que los expertos bíblicos y los historiadores lo debatan”. A buenas horas …. No obstante, la advertencia es innecesaria. Los expertos ya hace tiempo que se han definido, pero a los expertos no les publican  best-sellers ni la Sony-Columbia les monta una peli. ¿El motivo?. No compensa. ¿Por qué?. Porque no vende.  

No iré a ver el Código. Por respeto  a la Iglesia Católica y a mí misma. ¡Ahí le duele!. El respeto. Los cristianos somos los únicos a los que no nos alcanza la tan traída y llevada tolerancia. Últimamente  parecemos la escupidera, una gran palangana donde  todos pueden soltar la “última papilla”. El tema merece una reflexión, fundamentalmente por parte de los “afectados”. Creo.

Sunsi Estil-les Farré

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